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Colores, aromas, miles de sabores, sonrisas por doquier y corazones abiertos a lo infinito de la vida, es lo que para mi identifica el viaje que hice a la India y Nepal en septiembre de 2010. Allí aprendí que la riqueza y la pobreza no se miden por lo que posees, si no por lo hermoso de tu sonrisa, de tu mirada, de la fuerza al apretar una mano o al dar un abrazo. En cada esquina un templo nos esperaba, un dios que no conocía y ahora protegen las esquinas de mi casa. En estas tierras vi diosas vivientes y hombres que buscan la iluminacion, la intensidad de la muerte y la humildad de los que quedamos vivos. Audrey y Alfredo nos llevaron por calles y tiendas llenas de maravilas, allí entendí el deseo de Colon de llagar a estas tierras a como diera lugar, entendí la importancia de los colores y la armonía de cualquier espacio sin importar las riquezas. Vi la devoción de un pueblo ante un universo intangible, descubrí como miles de cosas que hoy entiendo como mi herencia vinieron de aquí. Algo que jamas olvidare fu cuando nos montamos en aquel pequeño avión que no paraba de subir y subir y subir y justo cuando pensaba que solo se podían ver las estrellas, estaba allí, infinito y eterno el Everest, el lugar mas alto de mi planeta estaba en frente de mis ojos, algo que era un regalo para mi madre ,s e convirtió en el mejor regalo que me he dado en la vida.

Espero que pongan estos lugares en su lista a visitar, y si ya fuiste sabrás que no es un lugar fácil y que cada quien tiene una experiencia única, pero que nadie regresa siendo el mismo de estas tierras.

Gracias a Audey y Alfredo por mostrarme el mundo y gracias a mi madre por acompañarme.

Sonriele a la Vida.

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